Adoraron al dragón, porque había dado autoridad a la bestia. Adoraron a la bestia, diciendo: «¿Quién es semejante a la bestia, y quién puede luchar contra ella?» 5 A la bestia se le dio una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses. 6 Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para blasfemar Su nombre y Su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cielo.
Las multitudes mencionadas en el verso 3 ahora están alucinadas adorando al dragón y a la bestia. Como hemos estado estudiando, gran parte de estas visiones tienen como base el AT, específicamente el libro de Daniel, y esta transferencia de autoridad del dragón a la bestia lo podemos ver también en Daniel 7:6, donde se da autoridad a la tercera bestia para gobernar la tierra y perseguir.
»Después de esto seguí mirando, y otra más, semejante a un leopardo que tenía sobre su lomo cuatro alas de ave. La bestia tenía cuatro cabezas, y le fue dado dominio. –Daniel 7:6
Estas multitudes impías han quedado maravilladas, fascinadas por los actos del dragón a través de la bestia, y exclaman: «¿Quién es semejante a la bestia, y quién puede luchar contra ella?» – Estas exclamaciones son una burla, una ironía de palabras similares usadas en el Antiguo Testamento hacia Dios – Lee Éx. 8:10; 15:11; Sal. 35:10; 71:19. En todos estos textos del AT, lo incomparable de Yavhé se contrasta polémicamente con los falsos dioses e ídolos.
LA BOCA BLASFEMA DE LA BESTIA
El propósito de todas estas alusiones a la profecía de Daniel es mostrar que con la muerte y resurrección de Cristo había comenzado la opresión de Israel (del verdadero Israel, la Iglesia) a manos de la serpiente antigua, de este enemigo de Cristo y de su iglesia y que permanece aún en nuestros tiempos hasta el regreso y la consumación del reino de Dios.
Este aire de grandeza de la bestia hablando contra Dios es una muestra de su «supuesta autoridad» durante estos tres años y medio, o cuarenta y dos meses (el periodo de la iglesia hasta el regreso de Cristo) – lo que es una alusión directa a Daniel 7:, 8, 11, 20 y 25:
6 »Después de esto seguí mirando, y otra más, semejante a un leopardo que tenía sobre su lomo cuatro alas de ave. La bestia tenía cuatro cabezas, y le fue dado dominio.
8 Mientras yo contemplaba los cuernos, vi que otro cuerno, uno pequeño, surgió entre ellos, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Y este cuerno tenía ojos como los ojos de un hombre y una boca que hablaba con mucha arrogancia.
11 »Entonces yo seguí mirando a causa del ruido de las palabras arrogantes que el cuerno decía. Seguí mirando hasta que mataron a la bestia, destrozaron su cuerpo y lo echaron a las llamas del fuego.
20 y la verdad acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro cuerno que había surgido, delante del cual cayeron tres de ellos, es decir, el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con mucha arrogancia, y cuya apariencia era mayor que la de sus compañeros.
25 Él proferirá palabras contra el Altísimo y afligirá a los santos del Altísimo, e intentará cambiar los tiempos y la ley. Y le serán entregados en sus manos por tres años y medio.
- Una boca blasfema: A la bestia de Daniel se le da una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias –vv.6, 8 y 11
- Una cláusula de autorización: Se le dio dos veces en Ap. 13:5, y de nuevo en 13:7, y la frase similar la vemos en Daniel 7:25.
- Un periodo de tiempo decretado durante los días finales (cuarenta y dos meses), como en Daniel 7:25.
DIOS GOBIERNA
Si hay algo que nos queda claro leyendo el verso 5, es que la fuente de autoridad de la bestia es Dios mismo. Es Dios quien ha establecido un límite de tiempo (cuarenta y dos meses), y además, es Dios quien ha predestinado el número exacto de los que adoran a la bestia en el verso 8.
¿No es grandioso esto mis hermanos? No es el diablo quien gobierna, ni quien establece los tiempos y las estaciones, es nuestro gran y soberano Dios. Esto lo sabemos porque si dependiera de Satanás nunca terminaría de causar daño y oponerse a Dios.
¿QUÉ SIGNIFICA ESTE ACTO DE LA BESTIA?
En primer lugar, destaca su orgullo al querer exaltarse por encima de Dios – Ap. 13:3-4; Dn. 7:245; 8-11; 11:36
En segundo lugar, intenta convencer a todos con sus poderes engañosos, sugiriendo que es mas poderoso y grande que Dios, y
En tercer lugar, vemos su gran blasfemia al difamar el nombre de Dios.
6 Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para blasfemar Su nombre y Su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cielo.
En este texto nuevamente se hace alusión a Daniel 7:25 para describir el efecto de la autorización de la bestia. Así que, ambos textos hablan de un demonio escatológico que habla contra Dios: «Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para blasfemar Su nombre y Su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cielo.» Esta bestia se hace igual a Dios y persigue a los santos, lo que también ocurre en Daniel 8:10, 25; y 11:36 al hablar del tiempo de «indignación»:
Dan. 8: 10 – «10 Creció hasta el ejército del cielo, e hizo caer a la tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó.»
Dan. 8:25 – «-»Y por su astucia Hará que el engaño prospere por su influencia. Él se engrandecerá en su corazón, Y destruirá a muchos que están confiados. Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes, Pero será destruido sin intervención humana.»
Dn. 11:36 – «36 »El rey hará lo que le plazca, se enaltecerá y se engrandecerá sobre todo dios, y contra el Dios de los dioses dirá cosas horrendas. Él prosperará hasta que se haya acabado la indignación, porque lo que está decretado se cumplirá.»
Dentro de sus blasfemias, también están incluidas sus acusaciones o acciones contra los creyentes que tienen Su nombre escrito – Ap. 3:12; 14:1; 22:4; cf. 7:13
Ap. 3:12 –«12 Al vencedor le haré una columna en el templo de Mi Dios, y nunca más saldrá de allí. Escribiré sobre él el nombre de Mi Dios y el nombre de la ciudad de Mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de Mi Dios, y Mi nombre nuevo.»
Ap. 14:1 –«Miré que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con Él 144,000 que tenían el nombre del Cordero y el nombre de Su Padre escrito en la frente.»
Ap. 22:4 –«4 Ellos verán Su rostro y Su nombre estará en sus frentes.»
Ap. 7:3 – «3 «No hagan daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios».
En este verso 6, la mención de «Su tabernáculo«, seguida de las palabras «es decir, los que moran (tabernáculo) en el cielo» alude respectivamente al «lugar de Su santuario» en Daniel 8:11 y al «ejército» celestial en Daniel 8:10, donde el tirano del fin de los tiempos hace que parte del ejército celestial y las estrellas caigan a la tierra y derriba el lugar del santuario del príncipe (todo esto representa el sufrimiento del pueblo de Dios).
Dn. 8:10-11 «10 Creció hasta el ejército del cielo, e hizo caer a la tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó. 11 Se engrandeció hasta igualarse con el Jefe del ejército, le quitó Su sacrificio continuo y fue derribado el lugar de Su santuario.»
Estas comparaciones de los santos del tabernáculo celestial, nos permiten ver que los verdaderos creyentes que viven en la tierra habitan en el santuario invisible e indestructible de Dios.
Pablo mismo, considera que la iglesia esta sentada en el cielo – Efesios 2:6; Col. 3:1:
Ef. 2:6 – «6 y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús,»
Col. 3:1 – «Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.»
De esta manera, los santos que han muerto y están con el Señor también están incluidos en el número de «los que moran en el cielo«.
REFLEXIONANDO

II Cor. 4:7-9 «7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. 8 Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.»
Nuestra seguridad no nace de nuestra propia fuerza o resistencia, sino del «tesoro» que portamos: la presencia de Cristo. Reconocer que somos vasos de barro nos libera de la presión de ser autosuficientes, permitiendo que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.
El apóstol Pablo establece un contraste vital entre la presión externa y la preservación interna. Podemos estar atribulados, pero la gracia de Dios impide que estemos angustiados; podemos estar perseguidos, pero jamás nos sentiremos desamparados. La prueba tiene permiso para tocarnos, pero no para destruirnos.
La seguridad del creyente radica en que Dios pone un límite al impacto de la adversidad. Aunque el mundo vea a un cristiano «derribado», la realidad espiritual es que no está destruido. La caída es temporal, pero la victoria en Cristo es eterna; la persecución solo sirve para que la vida de Jesús se manifieste con más brillo en nosotros.




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